Desde principios de año hemos asistido a un fantasma con el que varias generaciones nunca habíamos convivido mientras que otras, sabíamos de su existencia por relatos, noticias o capítulos de historia: la pandemia, concretamente, el brote de la Covid-19.

La historia nos contó que la última noticia de una pandemia de catastróficas consecuencias que vivió el mundo se había dado aquí, en Europa, a principios del siglo XX, con la mal llamada “fiebre española”: se trató de un brote gripal por el virus de la influenza inicialmente surgido en Estados Unidos que durante 2 años acabó con la vida de un número estimado de 50-100 millones de personas.

Mas acá en el tiempo, sí hemos presenciado epidemias como la llamada gripe porcina, el HIV y enfermedades mas “locales” cuyas dificultades de combate tienen mucho que ver con la pobreza y falta de recursos de los países llamados tercermundistas o en vías de desarrollo, como son el dengue en Latinoamérica o el ébola en varios países del continente africano.  Malaria, sarampión, fiebre amarilla o difteria, son otras enfermedades que hacen estragos en las poblaciones que las padecen pero que no tienen la capacidad de contagio a nivel global, como la nueva Covid-19.

Más allá de las cuestiones geopolíticas y las teorías “conspiranoicas” (o no), está claro que la Covid-19 existe y que su presencia supuso, supone y supondrá, al menos por un tiempo, unos cambios más sutiles o más radicales en la vida de la mayoría de las personas en casi cualquier punto del planeta.

Al día de hoy, las diferencias en las estrategias sanitarias y político económicas ya no de cada país, sino de cada ciudad, generan unos condicionamientos que alteran el día a día, o ciertos planes que no podemos sostener sino “con pinzas”, pues no está claro cuál será el futuro hasta que el peligro de brote global se supere.  Solo bajo esas condiciones, volveríamos a sentirnos a salvo y retomaríamos nuestras vidas en la tan mencionada y acaso añorada, normalidad.

Desde los confinamientos decretados en diversos países al ritmo cotidiano actual, los trabajadores de la salud somos testigo (y a veces también objeto) de diversos efectos que tienen que ver con variables que se conjugan de manera diferente en cada uno de nosotros, que dependen de la edad, el poder adquisitivo, el género, las dimensiones del hogar, la presencia o no de hijos u otros familiares a cargo, o las políticas de (des)empleo que tomaron los gobiernos y las empresas, la presencia o no de enfermedades previas …

Algunas de las consecuencias psicológicas que ha supuesto el confinamiento y los cambios que se han dado en el día a día son:

  • Aumento de la ansiedad, manifestada como irascibilidad y/o susceptibilidad mayor
  • Ingesta compulsiva de alimento e incremento del consumo de alcohol
  • Dificultades en la atención
  • Aumento de pensamientos negativos y rumiación (tener una y otra vez los mismos pensamientos) tanto sobre la propia persona como sobre el futuro
  • Trastorno del sueño: muchas personas han empezado a alterar el ritmo del sueño, volviéndose más nocturnas o padeciendo insomnio directamente, otras han empezado a dormir mucho, luego poco…
  • Sintomatología de tipo depresiva, como apatía y falta de motivación, preocupaciones aumentadas por la situación
  • Malestar general por la incertidumbre en cuanto a planes que quedaron abruptamente interrumpidos
  • Duelos sin ritual, por las personas que perdieron familiares o seres queridos que no han podido velar
  • Sintomatología relativa a cuadros de estrés post traumático (pesadillas, insomnio, falta de apetito)
  • Aumento del estrés
  • Miedo más acuciado en poblaciones especialmente vulnerables

Es importante destacar que no deberíamos caer en el error de “patologizar” este conjunto de síntomas: es decir, sentirse aplomado y desmotivado no es sinónimo de depresión, especialmente en estas circunstancias, en las que el “desajuste psíquico” es en cierto modo, la manera que encuentra nuestra psiquis de restablecer el equilibrio.

Al día de hoy, según el punto del planeta desde el cual leas este artículo, el contexto será diferente y habrás superado ya esas sensaciones que mencionaba más arriba o, quizá, algunas aún perduren.  En cualquier caso, hay algunas cosas que podemos hacer y que están al alcance de nuestras manos:

  • Observa tus pensamientos sin creer todo lo que piensas. Este es un hábito que practicamos poco pero que nos serviría mucho! Más allá de la pandemia, solemos pasar horas inmersos en una mar de pensamientos, en un diálogo interno y, aquí está el quid de la cuestión, solemos creer todo lo que pensamos … Se trata de tomar distancia de nuestros pensamientos y observarlos, como si fueran olas del mar … observamos sobre qué temática tratan, las probabilidades de que suceda lo que estamos pensando, si se conectan con los pensamientos anteriores y posteriores … pero no nos aferramos a ellos, los dejamos ir
  • La ansiedad es un resabio de nuestros ancestros primitivos y tiene que ver con una percepción de peligro vital, de vida o muerte. Si estás sintiendo ansiedad, reflexiona: ¿Es cierto que mi vida corre peligro con esta preocupación X que tengo? Si es así, he ¿pedido ayuda? Si no es así, ¿qué he intentado hacer para convivir con ella? ¿He meditado, he practicado alguna rutina de salud en casa o paseos (si) en mi ciudad (están permitidos)?¿ He compartido mi sentir con otras personas para saber qué han hecho ellas con lo que sienten?
  • Plantéate objetivos cortos y realizables en el día a día (si tu ciudad está en confinamiento o si te has quedado sin trabajo): de lo que se trata es de cumplir pequeños logros y encauzar la atención en actividades puntuales
  • Si tienes problemas para conciliar el sueño, olvida el móvil, elige un buen libro, pon música suave y relajante, aromas agradables, una infusión calentita … haz de tu “bed time” un momento placentero
  • Aumenta el consumo de agua, o zumos, o aguas saborizadas hechas en casa: de esta manera estarás aportando mayor hidratación a tu cuerpo al tiempo que aumentas la sensación de saciedad
  • La pandemia encarnó la incertidumbre, la hizo presente de manera cuasi insoportable, la re dimensionó… Muchas personas vivían unas vidas más o menos previsibles, otras muy apegadas a las rutinas y con la pandemia este escenario más o menos controlable y seguro, se desvaneció. Creo que lo mejor que podemos hacer, además de las estrategias mencionadas más arriba, es echar mano de un optimismo realista pero sin fecha de caducidad: esto pasará, aunque no sabemos cuándo.  Mientras tanto, ahora se trata de posponer los grandes planes, aparcarlos por un rato y enfocarnos en los planes que podamos llevar a cabo a corto o mediano plazo.
  • Re inventate: si tienes la oportunidad, retoma aquello que habías dejado por falta de tiempo, renueva en la medida de lo posible tu hogar, haz espacio a aquello que tenías abandonado, tira objetos viejos, prepara tu hogar para recibir lo nuevo
  • Si has perdido a un ser querido que no has podido despedir, escribe, haz una carta de despedida, prepara tu homenaje por escrito y date el tiempo necesario para procesar qué se ha ido con esta persona, qué te ha dejado. La tristeza es una emoción propia de los duelos, que nos sume en un viaje introspectivo, hacia adentro, y que nos sirve para elaborar nuestro lugar actual y futuro sin ese ser que ya no estará.  Date tiempo, y recuerda que en cuanto sea posible, tendrás la posibilidad de realizar una despedida rodeado de las otras personas que también están pasando por el mismo proceso que tú
  • Si sientes miedo porque eres parte de la población socialmente más vulnerable al virus, cuídate como lo vienes haciendo hasta ahora: esa es la prueba de que lo estás haciendo bien y que tomando los recaudos necesarios, eres capaz de mantenerte a salvo
  • Si esta situación te enoja, te hace sentir impotente y engañado, infórmate con fuentes confiables, científicas y pero también con una mirada crítica acerca de los aciertos y desaciertos que todos, a nivel individual, barrial, municipal y nacional venimos cometiendo. Amplía tus fuentes de información hacia aquellas que no eres proclive a mirar, pues a veces elegimos donde informarnos acorde a nuestras ideas previas y no con la intención de aumentar nuestro saber
  • Conecta con el humor: chistes, personas, películas, series que aporten alegría y sentido del humor… Esto nos permite desconectar del malestar y sobre exposición a las noticias, nos aporta una mirada distinta acerca de cómo otras personas gestionan las situaciones negativas como estas, y nadie puede negar que una buena dosis de risas es un poderoso nutriente
  • Pide ayuda, habla, consulta, pregunta: en este momento somos muchas las y los profesionales de salud que hemos abierto canales de información y contención especializados
  • Y recuerda: esto también pasará

 

Sin embargo, si sientes que algunos de los síntomas o estados mencionado arriba se volvieron invalidantes (no te permiten ser o hacer) estaría bien que hagas una consulta a tu médico/a o psicoterapeuta de referencia.