Desde su separación de la filosofía, que era quien reflexionaba en su nombre, pues lo que conocemos como Psicología aún no existía, este campo de estudios ha ido buscando y acomodando sus caminos y sus lugares y es muy difícil, si no imposible, aunarla en un solo cuerpo teórico.

Sus inicios como disciplina en sí misma, se vieron impregnados de posturas experimentales, ya que siempre se ha preocupado en entrar en el sistematizado mundo de las ciencias, en el que lo que se hipotetiza ha de ser sometido a pruebas y arribar a resultados empíricos. En ese momento no estaba muy ocupada del ejercicio reflexivo e introspectivo que un/una psicólogo/a lleva a cabo con el/la consultante tal como la conocemos hoy, más bien gustaba de vestir batas blancas y encerrarse en el laboratorio para comprobar sus postulados a través de reacciones galvánicas, dilataciones de pupila o ritmos cardíacos, por mencionar algunos ejemplos. Además, su prima hermana mayor, la psiquiatría, sostenida por la hegemónica medicina, gozaba de mayor prestigio y acaparaba todas las miradas. Eran tiempos en los que todos los cuerpos científicos, independientemente de la disciplina, se hallaban abocados a la tarea de modernizarse tanto en conceptos, como en herramientas experimentales como en grandes teorizaciones y ella, la psicología, no se quiso quedar atrás.

Su historia daría un giro revolucionario, cuando a finales del 1800 un joven médico psiquiatra nacido en el entonces imperio austro-húngaro, comienza a sospechar, a pensar, a cuestionar lo que hasta entonces había aprendido y conmovido por las evidentes mejoras de la paciente de su colega J. Breuer, se decide a replicar la experiencia y comienza a sentar las bases de la incipiente “talking cure”, la cura del habla hasta lo que no mucho más tarde da a conocer como Psicoanálisis … Sigmund Freud, culto, curioso y lector insaciable, abre las puertas del INCONSCIENTE, escucha atento lo que sus pacientes le cuentan, indaga en sus sueños, en sus actos fallidos, hasta en los chistes! Y las anima a que ellas (y ellos también) se apropien del espacio analítico a través de asociaciones, de ideas, pensamientos y sensaciones que rozan, bordean o se meten de lleno en lo más superficial y en lo más profundo de la psiquis. Freud inaugura un campo que poco tenía que ver con lo que se venía trabajando hasta entonces y desde él, nuestra querida Psicología ha despegado y nunca ha dejado de alzar su vuelo, de nutrirse de otras disciplinas, de especializarse, de integrarse, incluso de colaborar con otras disciplinas y que otras disciplinas colaboren con ella.

Hablar de Psicología implica hablar de emociones, pensamientos, conductas, motivaciones, adicciones, superaciones, trauma, deseos, consciencia, inconsciencia, sueños, grupos, familia, sociedad, escuela, fuerzas militares, marketing, sueños, arte, proyectos personales, deporte, percepción … es tan amplio su ámbito de investigación y acción que el listado seguiría engrosando este escrito.

Hablar de Psicología es referirse al psicoanálisis, a la escuela psicodinámica, la psicología cognitivo-conductual, la gestalt, el humanismo, las terapias de tercera generación, mindfulness, el enfoque sistémico, la psicología forense, de pareja, familiar, educativa, social…

Y hablar de Psicología es hablar de psicoterapia, y del enfoque que he elegido para ejercer la profesión: PSICOTERAPIA CLÍNICA INTEGRADORA.
Este joven enfoque, basado en el modelo clínico clásico en el que se produce un encuentro entre psicoterapeuta y consultante, dentro de un espacio psicoterapéutico (la consulta, despacho o clínica, como quieras llamarle), y partiendo de la base epistemológica propia de cada psicoterapeuta, en mi caso, psicoanalítico, trabaja desde el motivo de consulta hasta acordar los logros subjetivos que la persona aquejada de un cierto malestar quiera superar. Para ello, se hace un recorrido que puede abarcar la revisión de la propia historia biográfica, un malestar puntual, el cúmulo de varios malestares, la mejora de algún aspecto particular o el aprendizaje de estrategias asertivas, o de inteligencia emocional. Desde una mirada psicoanalítica que considerará la infancia, la relación con los progenitores y el modo en el que opera el inconsciente, nos serviremos, según el caso, de técnicas de las escuelas mencionadas más arriba, para enriquecer la experiencia tanto dentro como fuera del espacio terapéutico y vivenciar los progresos y dificultades que vayan surgiendo. INTEGRAREMOS lo hablado en sesión con propuestas psicológicas que pondrás en práctica fuera de la sesión.
Desde el primer momento, trabajaremos en conjunto, en este aspecto la PSICOTERAPIA CLÍNICA INTEGRADORA supone una alianza estratégica entre dos personas, una de las cuales conoce de procesos psicológicos yo, y la otra, tú, de tu vida.

¿Cuál es la propuesta que me atrapó de la PSICOTERAPIA CLÍNICA INTEGRADORA?
Su afán de superación Y humildad en un mismo movimiento. ¿Por qué? Porque ha indagado exhaustivamente en todas las escuelas de psicología anteriores a ella, y se ha enfocado en los fundamentos comunes que comparten, de hecho, hay estudios que sostienen que el éxito de un proceso terapéutico se halla más del lado del cumplimiento de estos principios que de las técnicas o estrategias en sí de cada escuela.

Algunos de estos principios comunes son:
– Ampliar tu visión del mundo. Esto implica aportar elementos para que puedas construir una perspectiva más amplia de análisis tanto de tu problema, como de las soluciones
– Que vivas una experiencia emocional correctiva. No suena bien esta oración, es cierto, pero lo que quiere decir es que durante el proceso psicoterapéutico te verás expuesto a re editar experiencias emocionales intensas, que han quedado estancadas y sin resolver pero que experimentarás en un espacio seguro, libre de juicios y acompañado/a lo que te aportará la libertad de dotar de nuevos sentidos a dicha experiencia.
– Que tengas expectativas positivas y realistas en cuanto a los objetivos que quieras alcanzar con el proceso psicoterapéutico. Por ello con este enfoque trabajaremos activamente, tú y yo, revisando la dirección del proceso y objetivos psicoterapéuticos.
– Que establezcamos una firme alianza terapéutica. Se trata de que te sientas lo suficientemente cómodo/a y confiado/a para que cada vez puedas expresarte con mayor honestidad contigo mismo, a través de la escucha. La fortaleza del vínculo terapéutico es a esta altura indiscutible para el éxito del tratamiento
¿Te animas a emprender este viaje hacia ti misma/o?